miércoles, 6 de febrero de 2008

Cien viviendas sociales o el eco del paisaje

A la izquierda, los cinco bloques de la promoción de N.P.J. Nazareno. 
A la derecha, el monte Almodovar popularmente conocido como La Mella por sus dos característicos picos

Tras la celebración del IV CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna) se imponen las tesis de Le Corbusier en las que el paisaje meridional mediterráneo debía representar la dimensión arcaica y mitológica de lo moderno, por lo que la arquitectura vernácula debería entrar a formar parte del lenguaje arquitectónico contemporáneo. Una posición que en España asumió legitimidad disciplinar con los trabajos de Sert y Torres Clavé y en Italia con las ideas de Giuseppe Pagano que, en nombre de lo moderno, propuso un camino alternativo a la retórica de la estética mussoliniana.

Después de la II guerra mundial, la catarsis invocada por los arquitectos europeos disipa cualquier duda respecto a los orígenes del aparato figurativo del racionalismo pero, paralelamente, propone una recomposición cultural basada en el redescubrimiento de modelos de relación humana con los que contraponer a los horrores de la guerra. Se redescubre la virginidad moral del paisaje a la vez que la humildad de los campesinos; se recuperan modelos populares (casas bajas, agregados compactos…), al mismo tiempo que se exaltan técnicas constructivas tradicionales (cubiertas inclinadas, muros masivos...) haciendo referencias explícitas a la tradición popular en la arquitectura vernácula.

Los mitos de la cultura vernácula inspiraran en Roma los barrios de Tiburtino de Quaroni y Ridolfi o Tuscolano diseñado por Libera. En España esas influencias neorrealistas tendrán su reflejo en pequeños edificios como la casa Garriga-Nogués de Coderch, pero son más evidentes en los resultados de algunos concursos de la época como la propuesta ganadora del concurso convocado en 1949 por el Colegio de Arquitectos de Barcelona para la construcción de viviendas sociales. La solución ganadora reivindica la construcción tradicional, la normalización frente a prefabricación y cuestiona el pretendido papel modernizador de la industrialización. Unos planteamientos que estarán presentes en las promociones que realizará la Obra Sindical del Hogar y de Arquitectura (OSHA) con la que colaboraron arquitectos como Fisac, de Miguel o Coderch.

En 1957, dentro del tercer Plan Sindical de la Vivienda, la OSHA promueve en Jaén la construcción de un grupo de cien viviendas sociales en el barrio de San Felipe Neri; una zona humilde y periférica de la capital andaluza colindante con un paisaje de excepcional calidad conocido popularmente como La Mella por los dos característicos picos de la coronación del cerro Almodóvar, omnipresente desde cualquier lugar de la ciudad. El proyecto, redactado por el arquitecto granadino José Jiménez Jimena, no es ajeno a ninguna de las circunstancias arquitectónicas arriba descritas, y no solo aplica los requerimientos de la OSHA y recoge algunas de las soluciones experimentales de los concursos de viviendas de la época sino que propone una relación con el paisaje ejemplar.

Grupo Nuestro Padre Jesús Nazareno. 100 viviendas sociales en el barrio de San Felipe Neri de Jaén

La propuesta del grupo de viviendas de Nuestro Padre Jesús Nazareno consiste en una ordenación abierta compuesta por cinco bloques aislados con una tipología en H, cinco plantas y cuatro viviendas por escalera. La distribución de la vivienda, realizada en una superficie 53,76 m2, consiste en un pequeñísimo baño con ducha, salón-cocina-distribuidor, tres dormitorios, una pequeña terraza y un tendedero que da a un patio de servicio delimitado por una celosía que cierra y une las dos patas de la H.

La ordenación general, al ser abierta, permitió liberar el suelo necesario para destinar la superficie mínima requerida al 15% de zonas verdes, agotar la edificabilidad máxima y rentabilizar económicamente la promoción. El máximo soleamiento se consiguió no sólo con la orientación sino contrapeando los bloques entre sí. El lenguaje del proyecto -cercano a ciertas experiencias neorrealistas- se justifica en la propia memoria del proyecto cuando propone un “…tipo de edificación como el propio en la localidad”. Una solución que recuerda soluciones empleadas, cincuenta años más tarde, por Alvaro Siza.

 La necesidad de adaptar la construcción a la topografía del lugar, realizando el mínimo movimiento de tierras, proporciona la justificación para uno de los temas principales de este proyecto: su relación con el paisaje. Utilizando la diferencia de altura que existe entre los rellanos de una escalera de ida y vuelta, se provoca una alteración en sección del bloque en H. 


El acceso a las cuatro viviendas ocurre en las dos mesetas de la escalera. Se agrupan dos viviendas por rellano lo que permite contrapear los diferentes forjados en cada una de las patas de la H. Esta sencilla solución provoca un salto en el centro del edificio que hace que los faldones de la cubierta dibujen dos picos. Un ingenioso recurso que genera un particular perfil en cada uno de los cinco bloques, que acaban repitiendo cinco veces, como si fuera un eco de La Mella, la silueta de la montaña que tienen detrás.

Además de ejemplar este proyecto es un ejemplo de arquitectura que ha servido, cuarenta años más tarde, como modelo para proyectar a finales del siglo XX promociones como veintinueve viviendas en Hornos de Segura o doce viviendas en Fuerte del Rey...



Sevilla, febrero 2008