viernes, 21 de marzo de 2003

Los museos: casas de la memoria


Una amiga japonesa que vive en Roma me contaba que, cuando vuelve a Tokio de vacaciones, lo encuentra tan modificado respecto al año anterior que no lo reconoce. Algo parecido me ocurre a mi cuando vuelvo a Jaén, cada diez días. La ciudad se ha transformado tan frenéticamente que no es posible reconocer con nitidez ninguno de los espacios que habitan en el desván de mi memoria más cercana. Pero si algo han conseguido las recientes operaciones de maquillaje ha sido despertar un vivo debate en la ciudad. Hecho que siempre es positivo.

Una de las principales controversias surgidas en los últimos meses ha sido la propuesta de construcción de un nuevo museo en el recinto de la antigua prisión provincial. Diversas voces plantearon cual debía ser el modelo a seguir por el nuevo museo, a la vez que apareció la polémica sobre si mantener el viejo edificio de la prisión o demolerlo. En la encrucijada se han mezclado conflictos corporativos, políticos y competenciales que han dificultado la compresión integral y ordenada del problema.

La Fundación Arquitectura Contemporánea, que nace con el objetivo de actuar como catalizador en la difusión, promoción e investigación de la arquitectura y ciudad contemporáneas, ha querido organizar junto con la Consejería de Cultura, su primera actividad pública en la ciudad de Jaén con la pretensión de aportar ideas y contribuir de forma positiva al debate existente sobre el tipo de museo que la ciudad necesita. Transcurrida una semana desde la realización de las jornadas parece oportuno realizar algunas consideraciones sobre los temas expuestos en las mismas.

Declarándose más cerca de las preguntas que de las respuestas, el filosofo Francisco Jarauta inició las intervenciones con una brillante conferencia en la que desarrolló la idea de museo, ciudad y arquitectura como tres conceptos indisolubles e inseparables entre sí. A continuación los arquitectos suizos Morger y Degelo explicaron el museo de la música de Basilea realizado sobre una antigua prisión. Los arquitectos Cruz y Ortiz hablaron de su propuesta ganadora en el concurso para la remodelación del Rijksmuseum de Ámsterdam y por último, el equipo de Ignacio García Pedrosa y Ángela García de Paredes describió su propuesta de ampliación para el Landesmuseum de Zürich y el nuevo museo arqueológico de Almería.

La calidad de los museos mostrados, unos realizados en edificios rehabilitados, otros en edificios de nueva planta, hizo evidente lo ficticio o interesado de la polémica sobre la demolición o mantenimiento de la antigua prisión de Jaén, ya que en ambos casos es posible la buena arquitectura que una ciudad espera y desea para sus edificios. Sin embargo, antes de plantear como ha de ser el continente de un museo es esencial definir el contenido o que tipo de museo se quiere, porque para realizar un buen proyecto es necesario, no sólo un buen arquitecto sino, un interlocutor que cuando sabe lo que quiere, encuentra lo que busca y como consecuencia hará siempre posible la arquitectura. 

En la mesa redonda se planteó la consideración relativa que tienen los inmuebles de un centro urbano. Los valores de un edificio son aquellos que les otorga la propia ciudad en donde se ubican; no existe un escalafón de categorías absolutas ordenadas en términos históricos, artísticos o arquitectónicos. En este valor que cada ciudad le da a su conjunto edificado, tienen mucha importancia las escalas. No sólo la Catedral, el Castillo o los Baños Árabes merecen la pena en Jaén, sino también sus calles, sus ambientes, sus característicos pavimentos de piedra de Porcuna, sus árboles, sus paisajes, sus cuestas, etc.

Sin embargo parece que la ciudad, en los últimos años, ha asumido con una natural indiferencia los procesos de alteración de su conjunto edificado: la sencillez y sobriedad de su arquitectura tradicional ha servido de excusa para operaciones en las que “como nada vale, todo vale”. Un cierto complejo de autoestima en relación a otras ciudades andaluzas ha sido hábilmente utilizado para poder actuar sin ningún reparo, ni escrúpulo en toda la ciudad.

Dentro de las diversas escalas que tiene la ciudad, se sitúa la arquitectura del siglo veinte, una arquitectura que se ha demostrado muy frágil. Recordemos las demoliciones del teatro Cervantes, de la antigua Maternidad y podemos adivinar las previstas en la Escuela de Peritos, las Protegidas y la Estación de Autobuses.

La demolición, como recordaba Juan Miguel Hernández de León, tiene el mismo carácter que la pena de muerte, es decir, es irreversible. En este contexto es donde se justifica la conservación de un edificio como la antigua prisión. Aún asumiendo las dificultades que conlleva la transformación simbólica de un espacio de represión en un espacio de libertad, siempre es posible realizar una arquitectura de calidad, plenamente actual y contemporánea, modificando la arquitectura existente, testigo mudo de la historia.

Asumiendo la necesidad de descomponer las secciones del actual museo, Jaén tiene la oportunidad de unir a través del Paseo de la Estación, en un recorrido que iría de Norte a Sur, las tres ciudades que la han conformado: la macro aldea calcolítica de Marroquíes Bajos, la ciudad moderna y la ciudad medieval. Una especie de bucle urbano que estaría centrado en el futuro Museo de Jaén, casa depositaria de la antigua memoria de la ciudad y que albergaría uno de los mayores valores emergentes de la provincia: el arte y la cultura íbera. 

Museo, ciudad y arquitectura: la posibilidad de entender y vivir la estratificación de la ciudad por medio de sus edificios y espacios públicos permitirá mantener la memoria de la misma sin necesidad de recurrir a postales en blanco y negro, que nos recuerden nostálgicamente las cuestas de la ciudad que perdimos.


Jaén, 21 de Marzo 2003




Publicado en:
DIARIO JAEN, pp. 32, Jaén 2003