miércoles, 23 de febrero de 2005

Un patrimonio de arquitectura moderna

Las Viviendas Protegidas y la Estación de Autobuses de Jaén


A la izquierda, el barrio de Las Protegidas en el año 73, con el edificio de Maternidad en primer término. A la derecha, perspectiva del proyecto de la Estación de Autobuses y el Hotel Rey Fernando.
La sociedad andaluza de los años veinte tenía unos modos de vida prácticamente rurales con tasas de analfabetismo muy altas. Esta coyuntura hizo que no existiera el ambiente idóneo para la introducción de experiencias europeas en materia de arte, arquitectura o urbanismo. A pesar de ello, la inspiración urbana influirá en algunas obras realizadas en Andalucía antes y después de la guerra civil: el cine Torcal en Antequera, el mercado de Algeciras, el cine Tívoli en Andújar, “Cabo Persianas” en Sevilla, son algunos ejemplos. Pero si hay edificios que protagonizan el devenir urbano de una ciudad, éstos son las Viviendas Protegidas y la olvidada Estación de Autobuses de Jaén. Los dos conjuntos forman parte de una de las zonas mejor planificadas en la capital jiennense por el Plan Berges de 1927.

El grupo de las Protegidas propone un acertado barrio de viviendas sociales destinado a trabajadores del Ayuntamiento y la Diputación. Está constituido por cuatro manzanas cerradas que plantean una interesante combinación de espacios urbanos, alturas y volúmenes, con una morfología y tipología de viviendas que, cercanas a experiencias vanguardistas centroeuropeas, son innovadoras para la época y lugar donde se construyen.

Su valor no está en el trazado en planta, sino en el modelo de ciudad que proponen, con una adecuada proporción de espacios libres en relación a lo edificado, una precisa densidad de población y una sobria arquitectura.
 
Planta tipo del grupo Virgen de la Capilla y fachada del edificio de viviendas a la calle Linares

La “Auto-Estación” define y construye una idea de ciudad con su arquitectura anticipando las experiencias que se van a realizar en Europa a partir de 1945. Lo que hace al edificio especialmente valioso es la coherencia y unidad de sus soluciones: su precisión funcional permite introducir diferentes usos en un mismo edificio sin interferirse entre si; la exigente utilización de la técnica del hormigón armado desafiando la ley de la gravedad; el estudiado diseño de sus formas, que remiten al racionalismo italiano. Pero es su fuerte vocación urbana lo que la hace especialmente interesante: la implantación en el lugar preciso, en una ciudad con fuerte topografía, busca la rasante de los autobuses en el punto exacto de manera que los peatones no tengan que subir o bajar escaleras, el inteligente diseño de la plaza y fuente de Coca de la Piñera presidida por el volumen del Hotel que se desplaza lentamente hacia la derecha, como si fuera un viejo autobús, la magnifica fachada horizontal a la calle Santo Reino rematada con la torre de la Avenida de Madrid, etc.

La conservación de estos dos ejemplos de buena arquitectura y urbanismo modernos en Jaén no es una cuestión de gustos. Se cuestiona su valor histórico o estético utilizando la asentada idea de que un edificio nuevo es moderno, bello y símbolo de progreso, mientras que un edificio vetusto es feo y obsoleto. La solución inmediata es proponer su derribo, y todos sabemos que la demolición, como la pena de muerte, es algo irreversible. El argumento oculta las posibilidades de la técnica moderna para adaptarlos a las necesidades actuales, por lo que cabe suponer que las intenciones sean otras.


Ambos conjuntos, la Estación y las Protegidas son documentos que sirven para entender la evolución de la arquitectura andaluza en un momento de transición entre el periodo anterior a la guerra y la posterior arquitectura de los años 50, base de la actual arquitectura contemporánea española. Tienen por tanto un valor histórico. Su uso actual les confiere, además, un valor instrumental que incide en su conservación. Su valor artístico se basa en la novedad y en la expresión de sus funciones, con una buscada e intencionada voluntad de forma que les otorga un valor de contemporaneidad a considerar en su conservación. Todos estos valores los hacen susceptibles de ser considerados como patrimonio por una comunidad.
 
El interés de ambos edificios no está, por tanto, en su apariencia. Su modernización no pasa por su vaciado, manteniendo sólo su trazado, las fachadas o elementos aislados. Porque lo que no se ve (la estructura, la construcción, los materiales…) tiene la misma importancia que las formas que se ven. Será necesario acondicionarlos, adaptarlos o repararlos, pero esto implica un completo conocimiento de sus complejidades y una delicada comprensión de todas las constantes y variables que definen su arquitectura. Sólo de esta forma mantendremos un patrimonio que forma parte de nuestra herencia más reciente para que futuras generaciones puedan apreciarlo.

Jaén 2005


Publicado en:
Diario EL PAÍS, 23 febrero 2005